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Rodaje - Día 1
Me levanto igual de pronto que cada día (y anoche me fui a dormir igual de pronto que cada día) y compruebo mis ogames varios. Jamfris me acompaña hasta la parada del bus que cogía antes de ser deportivamente activa para ir al curro, (si, esa parada) que es la forma más cómoda y rápida de llegar a la casa del actor, que será la primera localización del día.
Llego puntual y me encuentro con la maquilladora y la otra actriz de la escena. Subimos al piso y conocemos a un perro con nombre de bebida alcohólica al que le gusta que le acaricien la cara exactamente de la misma forma que a mí. Da un poco de miedo. El perro sorprendentemente se porta muy muy bien, solo ladra un par de veces en la última toma después de estar casi dos horas encerrado en un cuarto, pobriño.
Como pasa en casi todos los rodajes, la cosa se retrasa y el prota, que no es actor profesional, está un poco nerviosete. Es normal, ayer tuvieron marrón. Por si acaso yo intento molestar lo menos posible y ayudar al máximo porque me pongo muy nerviosa cuando la gente está de mala lluna a mi alrededor, siempre intento minimizar el mal rollo... a menos que lo cause yo, claro.
Entre pitos y flautas no sé como acabo rebuscando atrezzo para la escena en la cocina del interfecto y a mi paso, juro que sin que yo toque nada, hay una pequeña catástrofe.
Hay cierta tensión, ahí estamos todos por la cara, sin cobrar un duro, y ya he aprendido que en los rodajes la gente suele ponerse bastante susceptible, porque un error mínimo te manda un buen rato de curro al carajo. Por suerte en este rodaje yo no tengo que hacer nada realmente, solo estar ahí sin estorbar mucho y hacer relaciones laborales. Que las hago.
Terminamos rodaje en interior y nos vamos al exterior, en autobús, como la gente humilde de la calle. El plan era rodar dos escenas hoy pero no sé muy bien por qué ahora hay que rodar tres. La localización está en una zona bastante transitada de la ciudad, y la verdad es que da un poco por culo. La gente se queda mirando las cámaras, se meten por medio... y a mi me toca encargarme de las chaquetas de cara al sol abrasador de mediodía (si señores, hoy en barna al solaco de la una te asabas vivo).
Mención especial para la señora transeúnta que pasaba por allí y se metió en medio de una conversación entre el director y los actores tan pancha, la tía escuchando las indicaciones con cara de interés y todo. Brutal.
También vino una señora transeúnta a intentar darme palique, pero yo, que soy de natural seca y desagradable, sudé bastante de ella y le respondí con monosílabos, bufidos y gestos con la cabeza, mientras no quitaba la mano de encima de la torre de chaquetas. La mujer me preguntaba si la peli era española... no señora, si le parece somos suecos. A lo mejor le despistó que el director sea negro.
Como ahí ya íbamos con un par de horillas de retraso (de hecho quedaba media hora para el cierre previsto y aún quedaba otra escena que rodar en OTRA localización distinta), me despedí amablemente. Suerte, porque la siguiente escena era en una casa pequeñita y me da que la cocina iba a estar a petar.
Mañana más.